Qué marca el 2026 - Adriana Páez Pino

Section image

Este es el primer blog del año en Descubriendo la IA en el trabajo y quiero empezarlo sin la fórmula de siempre. Cada enero aparece la tentación de resumir el futuro en tres predicciones y una lista de tendencias. A mí eso se me queda corto, porque 2026 no va a pedir novedad ni miles de aplicaciones, va a requerir más detalle.

La inteligencia artificial va a dar saltos, sí. Pero lo interesante no es solo el avance técnico. Es el cambio de comportamiento. Pasaremos de usar herramientas que responden a convivir con sistemas que ejecutan. Eso trae lenguajes híbridos humano máquina, una idea de mente sintética cada vez más convincente y una pregunta práctica que no me quiero saltar. Qué decisiones estamos empezando a delegar sin revisar.

En paralelo, el planeta no va a esperar a que nos pongamos de acuerdo. Clima extremo, presión por adaptación y cambios en la forma de producir y sostener lo básico van a entrar en la agenda real, no como conversación aspiracional. Por eso me interesa mirar con seriedad respuestas que suelen verse como nicho, como la agricultura regenerativa, porque ahí hay resiliencia.

Y hay otra capa que atraviesa todo. Cómo nos sostenemos. Redes de cuidado intergeneracional, nuevas formas de comunidad, esa refamilia planetaria que aparece cuando la vida se reorganiza. En ese mismo terreno está el espacio público digital. No como tema abstracto, sino como una realidad donde hoy se pueden fabricar audios, imágenes y relatos que parecen ciertos, y donde la confianza puede romperse con facilidad. La sociedad civil digital tomará fuerza, porque es parte de cómo se protege lo común en medio de todo este avance.

En este blog quiero dejar un panorama de 2026 con algunos puntos sobre la mesa, incluyendo exploración espacial y telecomunicaciones cuánticas como señales de frontera. No para jugar a acertar el futuro, sino para empezar el año sin perdernos y más claridad sobre lo que vale la pena observar y lo que no conviene seguir aplazando.

IA que cambia el trabajo desde adentro

Hay una diferencia entre usar IA y trabajar con IA. En 2026 esa diferencia se va a notar más, porque la herramienta deja de ser un lugar al que vamos a pedir algo y empieza a aparecer dentro del proceso. No como promesa futurista, como rutina. Un borrador que ya llega estructurado, una tabla que ya viene armada, un documento que ya trae comparaciones, riesgos, pendientes y siguiente paso.

Eso puede ahorrar tiempo. También cambia el tipo de atención que necesitamos. Porque lo que la IA hace bien no es solo producir, es presentar. Y cuando algo llega bien presentado, uno puede pasar por alto lo que no está. Supuestos no dichos, datos que suenan plausibles pero no están respaldados, decisiones tomadas por inercia porque “ya quedó listo”.

Ahí es donde el lenguaje humano–máquina deja de ser un asunto de aprender a pedir. Se vuelve un asunto de aprender a dirigir. Dar contexto real, poner criterios desde el inicio, pedir soporte, marcar límites. Definir qué significa “bien” en ese caso específico. No en teoría, en ese documento, para ese público, con ese riesgo. Si no hacemos eso, la IA no nos está apoyando. Nos está empujando el ritmo.

Y aparece otro fenómeno que vale la pena nombrar sin exagerarlo. La mente sintética. Esa sensación de que el sistema no solo responde, sino que sugiere rutas, organiza prioridades, justifica. Es útil, claro. Pero también puede meternos en un error silencioso. Confundir un razonamiento bien escrito con un criterio sólido. En 2026 la habilidad no será obtener una respuesta convincente. Será sostener el juicio cuando la respuesta llega “redonda”.

Si la IA entra al proceso, alguien tiene que responder por el proceso. Quién firma. Qué se valida siempre. Qué no se automatiza. Qué queda documentado. No para volverlo pesado, sino para que la velocidad no termine moviendo decisiones que deberían pasar por revisión. Si algo va a cambiar el trabajo desde adentro este año, no es la cantidad de herramientas. Es cómo defendemos criterio en medio de entregables cada vez más fáciles de producir.

Confianza y seguridad, lo que sostiene todo lo demás

Hay un punto que en 2026 se vuelve imposible de ignorar. La confianza ya no es un “ambiente” que damos por hecho. Se está volviendo una infraestructura. Y como toda infraestructura, solo se nota cuando falla.

Lo vemos en lo más cotidiano. Mensajes que parecen venir de alguien conocido. Audios que suenan reales. Imágenes que “prueban” algo. En un entorno así, el problema no es solo la desinformación como fenómeno social. Es la erosión silenciosa de lo básico. Qué creemos, qué validamos, qué compartimos, qué damos por cierto sin revisar. Y eso tiene impacto directo en el trabajo, porque un equipo que decide con información contaminada puede ser muy eficiente produciendo, pero muy frágil sosteniendo resultados.

Por eso la seguridad deja de ser un tema reservado para especialistas. En 2026 se vuelve una habilidad mínima de cualquier profesional. No hablo de volverse experto en ciberseguridad. Hablo de hábitos y criterio. Dudar cuando algo llega demasiado perfecto. Confirmar por un segundo canal cuando el mensaje implica dinero, urgencia o reputación. Entender que el phishing de antes no era inteligente y el de ahora sí puede serlo. Y que el fraude por voz ya no es un caso extraño, es un riesgo posible.

A la par, hay otro movimiento menos visible pero importante. El salto hacia criptografía resistente a escenarios de computación cuántica. No porque mañana vayamos a usar telecomunicaciones cuánticas en el día a día, sino porque empresas y gobiernos empiezan a migrar estándares para proteger banca, salud, identidad y sistemas críticos. Es un cambio silencioso y estructural. Y cuando ese tipo de cambios ocurre, también se mueven conversaciones sobre soberanía de datos, credenciales digitales, verificación y reputación en línea. Quién eres en lo digital. Cómo lo pruebas. Quién lo valida. Quién guarda esa información y bajo qué reglas.

En ese contexto, la sociedad civil digital aparece como un actor que conviene mirar con seriedad, sin romanticismo. Porque si el espacio público se llena de manipulaciones y pruebas fabricadas, alguien tiene que sostener conversación, exigir transparencia y aprender a verificar. No solo las instituciones. También comunidades, organizaciones y ciudadanía. No para “ganar debates”, sino para proteger lo común en medio del ruido.

Estos temas, en el fondo, es una advertencia práctica. Podemos hablar de avances todo lo que queramos, pero si no fortalecemos confianza, identidad y hábitos básicos de seguridad, el resto se vuelve inestable. En 2026, la infraestructura invisible va a ser tan importante como la visible.

Infraestructura y capacidad, lo que sostiene el año

Hay cambios que en 2026 no se van a notar por “nuevos”, sino por estructurales. No se sienten como tendencia. Se sienten como capacidad disponible.

Lo espacial entra aquí. No por la épica de las misiones, sino por lo que deja funcionando. Más satélites, más datos, más comunicación y más observación del planeta. Eso termina metiéndose en decisiones reales, desde logística y seguros hasta agricultura y gestión de riesgo. Y también en algo más silencioso, quién controla infraestructura y estándares en un mundo donde el dato se vuelve ventaja.

Con la IA pasa algo parecido. No es solo qué puede hacer, es qué cuesta sostenerla. Energía, infraestructura, eficiencia. En 2026 eso aparece menos como debate y más como restricción. Qué modelos se usan, para qué, con qué consumo, con qué retorno. La IA no solo se evalúa por resultados. Se evalúa por el costo de operarla.

Y la robótica lo que cambia es su integración. Sistemas cada vez más específicos en bodegas, salud, mantenimiento y servicios, conectados a software que los vuelve parte del proceso. No es el robot como novedad. Es la rutina que se estabiliza. Gran parte del 2026 se va a decidir en infraestructura, datos, energía e integración.

Planeta, cuidado y decisiones que ya no se pueden postergar

En 2026 el cambio climático no va a ser un tema de conversación. Va a seguir siendo un factor que empuja decisiones. Se nota cuando un evento extremo interrumpe operación, encarece seguros, altera cosechas o vuelve incierto lo que antes era estable. Lo difícil ya no es entenderlo. Lo difícil es operar en ese escenario.

Ese mismo empuje hace que el activismo y la regulación se mezclen más. Hay menos espacio para declaraciones generales y más presión por demostrar. Medir, reportar, cumplir. Y para muchas organizaciones, ajustar de verdad lo que hacen, no solo lo que comunican.

En ese contexto, la agricultura regenerativa se vuelve un punto serio. No por moda, sino por suelo, agua y resiliencia local. También porque abre un campo muy concreto donde la innovación suma. Monitoreo, trazabilidad, financiamiento, datos para decidir. Cuando la conversación climática baja a lo esencial, aparece la pregunta por cómo producimos lo básico.

Y el cuidado, que ya es tema, en 2026 se vuelve estructura. Envejecimiento, salud mental, soledad y cargas de tiempo están presionando a familias, empresas y ciudades. Redes intergeneracionales y modelos de apoyo dejan de ser un ideal y pasan a ser parte de cómo se sostiene la vida cotidiana.

A esto se le suma una variable que atraviesa lo profesional y casi siempre se subestima. La atención. Fatiga, ruido, dificultad para sostener foco. Sin atención no hay aprendizaje rápido ni decisiones consistentes. Y este año va a exigir precisamente eso.

Por último, educación acelerada por IA. No como promesa, como mecanismo de ajuste. Microcredenciales, tutorías, aprendizaje en el trabajo. Porque 2026 no se resuelve sabiendo más. Se resuelve ajustando decisiones a tiempo.Y cierro con la refamilia planetaria. Comunidades elegidas y redes de sostén que se forman cuando la vida se reorganiza y lo institucional no alcanza.

No tengo interés en empezar el año con frases bonitas. Prefiero empezar con una pregunta real. Qué vale la pena observar en 2026 antes de que sea tarde. Porque este año no se va a definir por una sola tecnología ni por una sola crisis. Se va a definir por la adaptabilidad con la que respondamos cuando todo se mueve al tiempo. Cierro este primer blog con una decisión simple. No correr detrás de la novedad, sino afinar la mirada. ¿Qué vas a observar con más cuidado este año antes de tomar decisiones?

#ObjetivoEmpleo #LinkedInNoticiasAméricaLatina #IAvanza #adrianapaezpino #IA #FuturoDelTrabajo #Innovación #TecnologíaConPropósito #TransformaciónDigital #DesarrolloProfesional